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9 de agosto de 2010

Fin del viaje

Prosiguiendo con mis aventuras…

Los días siguientes nos dedicamos a hacer turismo por Stuttgart, que si palacios, torres de televisión, postales, recuerdos, dolor de pies, calor (porque hizo un calor…) y un largo etcétera de las típicas cosas que se hacen cuando se visita una ciudad. Una de las cosas más curiosas que pude hacer allí fue ir a una piscina de agua mineral con gas. Para quien le interese explico un poco cómo va esto:


Esta piscina se llama Das Leuze y está en Stuttgart. En este lugar hay 9 piscinas, todas con diferentes temperaturas, desde 14º C hasta 34ºC. La más fría de todas (y creedme, está friísima) es la de agua con gas. Tiene un olor muy muy muy fuerte a hierro, pero es lógico sabiendo que provienen de manantiales de agua con gas. Dicen que son geniales para la salud. Para los que no se atrevan con tanto, también hay piscinas cubiertas y otras al aire libre con algo más de temperatura. La única pega es que es un pelín cara pero los estudiantes tenemos suerte, nos hacen descuento. Merece la pena y mucho.


Luego nos fuimos a un pueblecito a 2h30min en tren que se llama Eberbach. Desde allí fuimos visitando distintas ciudades (Frankfurt, Heidelberg, Karlsruhe). Un día nos sorprendieron y nos llevaron a Berna (Suiza). Sólo tuvimos 4h para visitar la ciudad pero es tan chiquitita que nos dio tiempo a verla entera y descansar. En general todas las ciudades son preciosísimas y cada una tiene lo suyo. Heidelberg unas vistas desde castillo que no tienen precio y unas calles maravillosas; Frankfurt una diversidad de sitios increíble, desde la parte antigua donde se pueden ver edificios medievales como el Römer hasta los más nuevos y Karlsruhe tiene un palacio, un castillos y unos jardines preciosos.


Heidelberg



Römer


Rascacielos de Frankfurt




Jardín botánico de Karlsruhe


Castillo de Karlsruhe


Berna


Resumiendo, es un viaje que merece la pena, eso si hay que ir con la mentalidad de caminar ,y mucho si no, quédate en casa.

Merecidas Vacaciones

Después de que pase casi mes y medio desde mi última entrada creo que va siendo hora de que desempolve esto y haga más uso de este pobre blog.

Me ha pasado prácticamente de todo pero empezaré por el principio.

Finales de junio: estudio, nervios, exámenes, notas, fiesta, maletas, San Sebastián, Barcelona.

Julio: Barcelona, playa, relax, sol, piscina, risas, música, fiesta, conciertos. Maletas, aeropuerto, viaje, avión, Alemania Stuttgart.

Y aquí es donde prácticamente comienza mi aventura. Llegamos a Stuttgart el 7 de julio, sí sí, el día del partido de Alemania-España.

Eran las 7 de la tarde y nos fuimos a una vieja fábrica que está habilitada con bar, con una pantalla GIGANTE (esto en Alemania es muy típico, no lo de la pantalla gigante si no lo de este tipo de bares). El caso es que nos habíamos pintado en la cara la bandera de España y cuando llegamos al lugar todos riéndose de nosotros, que si íbamos a perder, que no teníamos nada que hacer y esas típicas cosas que se dicen en esos momentos. Asique no hicimos caso y nos fuimos en busca de un sitio. Durante el partido todos abucheándonos (hay que decir que éramos tres personas y el resto alemanes histéricos por ganar) cada vez que algún jugador de “la Roja” hacía algo grandioso. Imaginaos el panorama… por suerte en el último minuto el gran Puyol marcó el gol decisivo. En ese instante de repente se hizo un silencio sepulcral, ni una mosca se atrevió a pasar. Se podía cortar el aire con cuchillo. En cuanto pudimos nos fuimos corriendo porque se corrió el rumor de que los alemanes son muy agresivos y casi siempre se toman las derrotas muy mal y la verdad es que no lo sé y tampoco me quedé a comprobarlo.

Con la emoción del momento, cortaron las calles para que después de la hipotética victoria pudiesen ir cantando, corriendo y saltando, pero por suerte para nosotros fue al revés asique acaparamos toda la calle principal y nos fuimos todo el trayecto hasta casa gritando y cantando hasta que de repente un fotógrafo nos paró y nos hizo una foto, nos dio una tarjeta y fue al llegar a casa cuando nos dimos cuenta que era del periódico principal de Stuttgart.

Aquí la foto y la anécdota del día que para ser el primero no está nada mal.



Mañana más.