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9 de agosto de 2010

Merecidas Vacaciones

Después de que pase casi mes y medio desde mi última entrada creo que va siendo hora de que desempolve esto y haga más uso de este pobre blog.

Me ha pasado prácticamente de todo pero empezaré por el principio.

Finales de junio: estudio, nervios, exámenes, notas, fiesta, maletas, San Sebastián, Barcelona.

Julio: Barcelona, playa, relax, sol, piscina, risas, música, fiesta, conciertos. Maletas, aeropuerto, viaje, avión, Alemania Stuttgart.

Y aquí es donde prácticamente comienza mi aventura. Llegamos a Stuttgart el 7 de julio, sí sí, el día del partido de Alemania-España.

Eran las 7 de la tarde y nos fuimos a una vieja fábrica que está habilitada con bar, con una pantalla GIGANTE (esto en Alemania es muy típico, no lo de la pantalla gigante si no lo de este tipo de bares). El caso es que nos habíamos pintado en la cara la bandera de España y cuando llegamos al lugar todos riéndose de nosotros, que si íbamos a perder, que no teníamos nada que hacer y esas típicas cosas que se dicen en esos momentos. Asique no hicimos caso y nos fuimos en busca de un sitio. Durante el partido todos abucheándonos (hay que decir que éramos tres personas y el resto alemanes histéricos por ganar) cada vez que algún jugador de “la Roja” hacía algo grandioso. Imaginaos el panorama… por suerte en el último minuto el gran Puyol marcó el gol decisivo. En ese instante de repente se hizo un silencio sepulcral, ni una mosca se atrevió a pasar. Se podía cortar el aire con cuchillo. En cuanto pudimos nos fuimos corriendo porque se corrió el rumor de que los alemanes son muy agresivos y casi siempre se toman las derrotas muy mal y la verdad es que no lo sé y tampoco me quedé a comprobarlo.

Con la emoción del momento, cortaron las calles para que después de la hipotética victoria pudiesen ir cantando, corriendo y saltando, pero por suerte para nosotros fue al revés asique acaparamos toda la calle principal y nos fuimos todo el trayecto hasta casa gritando y cantando hasta que de repente un fotógrafo nos paró y nos hizo una foto, nos dio una tarjeta y fue al llegar a casa cuando nos dimos cuenta que era del periódico principal de Stuttgart.

Aquí la foto y la anécdota del día que para ser el primero no está nada mal.



Mañana más.

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